El Dr. Nicolás Arancibia y la Dra. Karen Manquián, integran el equipo de investigación de la Facultad de Química y Biología, que trabaja en la creación de un material capaz de eliminar y transformar el perclorato presente en aguas destinadas al riego agrícola. La iniciativa es financiada por ANID, tiene como entidad asociada a la Universidad Bernardo O’Higgins y cuenta con la colaboración de Agrícola Gómez SpA y la Sociedad Comercializadora Hortaliceros de Palquibudi Limitada, además del apoyo de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación, a través de su Dirección de Gestión Tecnológica.
Chile se ha consolidado como uno de los principales productores agrícolas de América Latina, mantenido un crecimiento sostenido en las últimas décadas. De acuerdo a cifras del Ministerio de Agricultura, entre 2022 y 2025, las exportaciones silvoagropecuarias aumentaron un 6,5%, “impulsadas principalmente por el dinamismo del sector”.
Sin embargo, para seguir manteniendo su posición de liderazgo en los mercados internacionales, la industria agrícola nacional debe enfrentar diversos desafíos, entre ellos, contar con soluciones más eficientes y sostenibles que mejoren la calidad del agua utilizada para el riego de los cultivos.
En este contexto, la Universidad de Santiago de Chile ejecuta actualmente el proyecto de I+D “Protegiendo la salud pública: Estrategias para eliminar disruptores endocrinos (perclorato) en fuentes de agua”, en el que trabaja un equipo académico de la Facultad de Química y Biología, integrado por el Dr. Nicolás Arancibia Miranda, director de la iniciativa, y la Dra. Karen Manquián Cerda, investigadora.
“Los disruptores endocrinos son sustratos o compuestos que, en altas concentraciones, pueden tener efectos negativos en el organismo humano”, señala el Dr. Nicolás Arancibia. Agrega que, en el caso particular del perclorato, se trata de un contaminante cuya “presencia puede estar asociada a fertilizantes y encontrarse en fuentes de agua utilizadas para el regadío, que luego son absorbidas por las plantas”.
Como solución a esta problemática, se propuso “el desarrollo de un material sintético capaz de eliminar el perclorato del agua de riego y transformarlo en cloruro, de manera que pueda ser aplicado posteriormente a escala industrial”, indica el académico.
A través de la investigación, se busca que dicho desarrollo sea altamente eficiente, respetuoso con el medio ambiente y accesible para quienes se dedican a la agricultura, considerando los costos de las alternativas que hoy están disponibles en el mercado.
Colaboración e impactos esperados
Cabe destacar que, tras dos años de trabajo, la propuesta se encuentra en sus etapas finales de ejecución, periodo durante el cual se creó y testeó el material a nivel de laboratorio.
“Gran parte del trabajo experimental lo hemos desarrollado en el Laboratorio de Suelos y Medio Ambiente de la Facultad de Química y Biología, donde realizamos la síntesis y el testeo”, detalla el Dr. Nicolás Arancibia. Agrega que “las pruebas realizadas han permitido comprobar el funcionamiento del producto”.
Asimismo, el equipo de investigación también ha trabajado colaborativamente con sus pares de la Universidad Bernardo O’Higgins, analizando los datos obtenidos en las distintas etapas de evaluación. Además, para realizar los testeos en terreno han contado con la colaboración de Agrícola Gómez SpA, dedicada a la producción de hortalizas en la Región de Valparaíso, y de la Sociedad Comercializadora Hortaliceros de Palquibudi Limitada.
“La participación de estos actores del área agrícola, ha sido clave para poder conocer las condiciones reales en las que debería operar la tecnología y ajustar su desarrollo a las necesidades de los productores”, afirma Arancibia. Añade que “los agricultores han aportado información muy valiosa, relacionada con las dimensiones de los cultivos, las superficies involucradas y las características de los sistemas de riego utilizados en los terrenos”.
Respecto de los próximos pasos de la investigación, sostiene que se buscará “avanzar desde una solución desarrollada y validada inicialmente en laboratorio hacia un sistema que pueda ser probado directamente en predios agrícolas y a futuro, escalarlo para una eventual aplicación industrial”.
Al finalizar el proyecto, se espera que este desarrollo contribuya principalmente a la inocuidad alimentaria y a la salud de las personas, al reducir la presencia del contaminante en las aguas de riego y con ello, disminuir su potencial incorporación a frutas y hortalizas.
“De esta manera estaremos aportando en mantener la calidad de la producción e impactar positivamente en la competitividad del sector”, puntualiza el investigador.
Autora: Paola Armijo León
Fotografía: Comunicaciones Vriic
Tags: Investigación Aplicada
Dirección de Gestión Tecnológica
Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación


